dimarts, 20 de març de 2018

COMUNICAT CLUB 1919




Comunicat del Club 1919:

L'actual Valencia Club de Futbol va nàixer l'1 de març de 1919 al Bar Torino baix el nom de Valencia Football Club. El cognom anglés, comú a la major part de les societats futbolístiques que aparegueren a l'estat espanyol durant el primer terç del segle XX, es va fer prompte popular entre els aficionats, com evidencia el fet que el club fóra conegut indistintament durant els anys 20 i 30 com a Valencia i com a Fe-Ce.

En desembre de 1940 el Consejo Nacional de Deportes franquista va emetre una disposició en la qual obligava a castellanitzar les seues denominacions a totes les societats esportives amb noms escrits en llengües diferents a l'espanyol. El Valencia la va fer efectiva a finals de gener de 1941, passant a denominar-se de manera oficial Valencia Club de Fútbol. Esta normativa va estar vigent durant trenta-un anys fins que el 18 de juliol de 1972 va ser derogada. A partir d'aquell moment, moltes de les entitats que havien perdut els seus noms originals van iniciar la seua recuperació, entenent el procés com un pas necessari en la reafirmació de la seua identitat. El Valencia va desestimar llavors el canvi de nom per tal de tornar a la seua denominació fundacional. 

En els darrers anys s'ha donat un gran impuls a la recuperació de la memòria i les arrels del Valencia a partir del treball coordinat del club, la Fundació Valencia Club de Futbol i diversos historiadors i erudits de l'entorn de l'entitat de Mestalla. La valuosa tasca duta a terme ha permés, entre altres guanys, rescatar de l'oblit a diversos presidents de la societat com ara Josep Rodríguez Tortajada o Rafael Bau, enriquir el relat històric del club i dur endavant la restauració i exposició pública de l'ingent patrimoni material i immaterial del Valencia.

Entenent que la recuperació del nom original del Valencia és un pas més en este camí de valoració del passat de l'entitat i que la propera cel·lebració del centenari de la fundació del club en 2019 és el moment idoni per a fer-ho, els sotasignants, abonats, accionistes i aficionats del Valencia, demanem a la presidència de la societat la restitució de la denominació original de l'entitat.

Amunt Valencia!


César Abalos, José Manuel Achica-Allende, José Luis Aguilar, Pere Alapont, Ángel Álvarez, Jorge Andreu, Víctor Asunción, Vicente Bau, Vicent Bau, Rafael Béjar, Paco Belda, Salvador Belencoso, Pedro J. Belenguer, José Javier Benavent,  José Benet, Andrés Bosch, Josep A. Bosch, José Luis Bru, Sergi Calvo, Manuel Campillos, Arturo Capilla, Gustavo Carcelén, Ramón Cariñena, Baltasar Castillo, Fran Cervera, Kike Cervera, Vicent Chilet,  Josep Carbonell, Álvaro Coll, Nacho Cortina, Antoni Entrena, Luis Escrich, Héctor Esteban, Eduardo Esteve, Luis Falomir, Josep A. Fernández, José Carlos Fernández,  Salva Folgado, Alejandro Foronda, Francisco García, Jorge García, Julián García Candau, Miquel Gil, Adrián Gisbert, Agustín González, Héctor Gómez, José Gómez, F.Javier González, Josep González, Fran Guaita, Noé Hernández,  Ramón Izquierdo, Rafa Lahuerta, José Miguel Lavarías, Josep Lizondo, Víctor Lluch, Manuel Lorente, Marc Machí, Joan Maiques Estellés, Chema Mancha, José Ricardo March,  Voro Maroto, Alejandro Martín,  Juan José Martín, Álvaro Martínez, Antoni Martínez, Jerónimo Martínez, JC Mollà, Francisco Navarro, Pedro Nebot, Carles Núñez,  David Núñez, José Luis Obrador,  Nacho Olmedilla, Xavi Pascual,  Rafa Pastor, Carlos Pavía, Juanjo Piera, Paco Polit, Jordi Porcar, Emilio Recatala, Jose A. Reinosa, Fernando Ricós, Amparo Ridaura, Dolores Ridaura, Carmel Roda, Victor Rodríguez, Jesús Roig, Paco Roig Alfonso, Juan Manuel Romero, Carlos Rosique,  Juan José Rovira, Francisco Ruíz, Jorge Ruíz, Antonio Sánchez, Noelia Sánchez, Jordi Santiago, Joan Sanz Cueves, Jordi Sapena, Juan Sebastiá Esteve, José María Tadeo, David Tamarit, David Torres, Jorge Verdeguer.


Sol.licitem la vostra ajuda per tal de restituir el nom fundacional del Valencia, per això si vols afegir.te al comunicat pots fer.ho ficant el teu nom i cognom en Comentaris del blog, al correu ultimesvespradesamestalla@gmail.com, a Twitter en @uvaMestalla, o be a la pàgina del Facebook Ultimes Vesprades a Mestalla.

dissabte, 10 de març de 2018

TOMAD, LA GLORIA PARA VOSOTROS



Todo el mundo recuerda su primer beso, la primera borrachera, su primer gran amor que todo lo inaugura, el primer desengaño que desvirga el corazón. Yo recuerdo como si hubiera ocurrido esta mañana mi primer partido en Mestalla; de hecho, hay días en que todavía rememoro esa primera vez: la emoción de descubrir a lo lejos, a la altura de la Plaza de Aragón, las banderas de Numerada Descubierta –siempre ordenadas según la clasificación de Liga-; subir las escaleras que te aúpan hacia la grada; el verde verdísimo del césped –ese verde que jamás has vuelto a ver ni en los parques de los países nórdicos-, el humo de los puros encendidos con el resultado a favor; el olor a cigarrillo que por estar en Mestalla aspirabas gustosamente y que ahora te asquea.

Todos tenemos muchas historias que contar sobre nuestra pasión por el Valencia; anécdotas, viajes ilusionados, kilómetros recorridos con grandes disgustos a cuestas. Que no nos venga nadie a explicarnos qué es la decepción, qué es la derrota, qué es la vida. Nosotros podemos dar un Máster sobre resultados adversos, sobre la gloria en San Siro a escasos 11 metros, sobre un año aciago que se acaba y la ilusión renacida a los pocos segundos para la siguiente temporada.

Y es que nos hemos graduado en la titulación de ‘Grandes Decepciones’ en las universidades de Milán, de París -adoro la película Casablanca, pero cuando llega el momento de la frase “siempre nos quedará París” tengo que pasar rápido esa escena-, en Karlsruhe, en el mítico Atocha, en el Bernabéu o en el Nou Camp.

Decía Jorge Luis Borges “que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Algo similar me ocurre con el sabor de nuestras derrotas. Existen grandes equipos que han conseguido grandes logros; el Bayern, Real Madrid, Manchester United, Barça… Tomad, la gloria para vosotros. No cambio vuestros títulos por mis miserias en los campos. Prefiero ganar 2 Ligas en 33 años que caer en el aburrimiento del éxito. Porque esas 2 Ligas con Don Rafael Benítez no se celebraron, no. Se vivieron. Para muchos de nosotros fue probar por primera vez a qué sabe el confeti, la bufanda al viento, el balcón del Ayuntamiento, la bandera en el balcón de tu casa, la envidia del madridista.

Ahora me acuerdo de las palabras del gran Rafa Lahuerta, que en su mítico libro La balada del Bar Torino escribió: “Todo el mundo debería ganar una Liga al menos una vez en su vida”.

Hasta que no ganas este título no te das cuenta de la verdad que encierra esa frase. Cuando fuimos el mejor de los 20 equipos supimos que los ojos del mundo miraban hacia la Plaza del Ayuntamiento, hacia ese recibimiento en el Aeropuerto de Manises. Ese día, cuando el autobús descapotable con toda la plantilla pasó por delante de mí supe que acababa de presenciar algo que quedaría para el recuerdo, para la Historia. Yo podría decir en un futuro, a mis hijos, a los hijos de mis hijos, a los hijos de mis amigos, a los compañeros de residencia de la 3ª Edad que yo, en primera persona, participé en esos actos.

Hay personas que hoy todavía son entrevistadas porque estaban en Dallas el 22 de noviembre de 1963, cuando mataron a Kennedy; porque en 1969 participaron en la llegada de Neil Armstrong a la luna; o porque en 1944 estaban presentes en la entrada del ejército aliado en París -vaya, otra vez Paris-. Yo gané una Liga con el Valencia Club de Fútbol y la celebré. Ahí queda eso.   

Pero no quiero llevarme todo el mérito de esta pasión. Son muchos los que quieren a este equipo como a su mujer o su hijo, que hacen auténticos sacrificios que negarían rotundamente si fuese para otras cosas: dormir en las taquillas, 12 horas en un coche, 2 horas bajo aguacero o 90 minutos sentados a la intemperie de los 5℃.

Lo hacemos sin pensar, para nosotros no supone ningún esfuerzo. Mi madre me preguntaba a veces “pero, ¿con este tiempo vas a ir al fútbol?”. Y no había forma de que le entrara en la sesera que las circunstancias meteorológicas no pueden torcer una pasión. Ni las meteorológicas ni las personales. Aún recuerdo asistir a un partido en Mestalla (contra el Zaragoza, curiosamente) a los escasos días de pasar una grave intervención quirúrgica. Un martes me estaban extirpando un trozo de colon y ese mismo domingo estaba en la grada viendo a Mata subir y bajar la banda. Con todo el abdomen vendado como una momia, con calmantes para el dolor, encorvado al caminar… pero lo que disfruté con los goles de Villa y Pablo Hernández no lo cambiaré nunca por nada.

No sé si ese sentimiento se hereda, se mama o se desarrolla. No hay certeza alguna. Nadie puede afirmar con rotundidad que es valencianista por genética o por tradición familiar; lo que sí sabemos es que lo somos desde bien pequeños, desde el día que ves un balón botando en el parque de enfrente de casa y dices para tus adentros “me pido Lubo Penev”; o desde esa noche que, sin querer, de reojo y sin interés, pasas por delante de la televisión Grundig de tu abuelo y le preguntas ‘qué ves’. Tu abuelo es listo porque no te contesta ‘un partido de fútbol’ como si nada. No. Te responde ‘el Valencia’. Tira la caña para ver si picas y consigue inocularte ese sentimiento. Y evidentemente tú caes. Bendita caída. Tras esa respuesta de tu abuelo se abre lo te ha llevado a ser y sentir lo que hoy eres y sientes. Desde ese momento en que, en lugar de seguir por el pasillo hasta tu habitación decides entrar en el comedor y sentarte a ver el partido al lado de tu abuelo, corre algo diferente por dentro de ti.  

Ya no eres Carles, al menos no un plenamente Carles. Porque también eres un poco el Quique Sánchez Flores que sube por la banda desde el lateral derecho; eres un poco el Fernando Gómez Colomer que sienta cátedra a cada partido; eres un poco el Pipo Baraja que remonta al Espanyol desde la épica; tienes un poco del Mazinho que bajo el diluvio celebra el empate en la final de Copa en el Bernabéu; tienes un poco del Poyatos que, imperioso, marca un cabezazo inolvidable en el Calderón; a veces ves en el espejo de tu casa las caras de susto de los jugadores en el túnel de Sant Denís.

Tu pasión ha traspasado fronteras personales hasta convertirse en un modo de vida y de actuar. De hecho, tu mundo lo percibes desde las gafas del Valencia. Tu vecino no es conservador, es un Héctor Cúper; tu madre no es ahorradora, es Arturo Tuzón; tu hermana no es un talento desaprovechado, es un Adrian Ilie; tu jefe no te ha echado, te ha dado la carta de libertad; tu novia no te ha dejado, te ha hecho un Mijatovic; tu hijo no es un juerguista, es un Romario; en misa no se escucha la palabra de Dios porque allí no habla Rafa Benítez; tu mujer quiere conocer Sevilla y Málaga y vas pero sólo porque es Tierra Santa; tus ídolos infantiles no son Batman o Superman, sino el Piojo o Aimar; tu enemigo no es tu enemigo, es un madridista; la vida no es tan puta como parece, pero permite que marque M'Bia en el tiempo de descuento.     

Carles Ricart           

dimarts, 6 de març de 2018

QUINI



Artículo cedido por el diario Las Provincias, que aparece en la Sección de Deportes, columna "Marcador Dardo", del día 5 de marzo de 2018, escrito por Miquel Nadal.

Corría el año 2008 cuando por la tenacidad de Josep González, Rafa Lahuerta y yo mismo, sin saberlo, pasamos a formar parte del grupo inicial de los padres fundadores del blog Ultimes Vesprades a Mestalla. En nuestra infinita inocencia decidimos recopilar recuerdos, semblanzas y relatos sobre lo que considerábamos una inminente desaparición de Mestalla, que no podíamos asumir que sucediera como si tal cosa. 

Con aquel aire clandestino y de falta de sosiego con el que se tomaron decisiones que habríamos tenido que madurar con más acierto. Buena parte de los textos tiene un carácter de elegía, de despedida, una sucesión de oraciones fúnebres de amigos, árbitros, ex jugadores y aficionados propios y extraños. En esa despedida coral incluimos un apartado para que aficionados o jugadores de los equipos que nos visitaban dedicaran una última mirada al campo de Mestalla. 

Repasando las entradas en el blog aparecen algunas extrañas, fruto quizá de la imaginación literaria, cuando no se encontraban colaboradores, pero también otras muy reales como las de José Antonio Martín Otín «Petón», del Atlético de Madrid, o la de José María Albert de Paco, con el RCD Espanyol. Muchos amigos decidieron hacer ese homenaje generoso a Mestalla. 

El tiempo pasado en el corredor de la muerte urbanístico dio para más temporadas, y más colaboraciones visitantes. Si repasamos las del Sporting de Gijón, se puede ver que es uno de los clubes más afectuoso en sus aportaciones. Aparecen la de Manuel Jiménez, futbolista del Real Sporting de Gijón y del Real Burgos, internacional por la selección de España, o la de Antonio Maceda, en tanto que futbolista del Sporting. 

El repaso da para recordar a todos esos aficionados de equipos como el Real Zaragoza, el Real Valladolid, o el Sporting que penan por otras categorías, mientras nosotros nos las damos de aires de grandeza, pensando que somos los únicos en reclamar la grandeza. 

El repaso emociona por su pluralidad. Pero hay una colaboración muy especial. Jueves 13 de noviembre de 2008. Nos visita el Sporting de Gijón, y Miguel A. P. firma como 'Hincha del Real Sporting de Gijón' su colaboración, 'Lágrimas en la lluvia': «Y veía aquel gol por la escuadra al pequeño de los Castro, y hubiera dado cualquier cosa por ver a H. celebrarlo como un loco. Ver a H. de nuevo. Con vida. Termino y no he dicho nada sobre Mestalla. Lástima. Pero no importa. Mientras ustedes recuerden, todo estará bien. Porque ustedes son Mestalla. Carpe diem ches. Carpe diem. Y lo demás, lágrimas en la lluvia». Acompañando la colaboración una fotografía de Joaquín Castro 'Quini', en Mareo. Y una dedicatoria: «Para Ultimes Vesprades con cariño de tu amigo QUINI». 

No sé si se podrá volver a ese mundo del fútbol del pasado. Pero de un solo pelo de Quini se podría destilar más bondad que en toda la Liga de Fútbol Profesional.

Enlace al artículo del blog del día 13 de noviembre de 2008.
http://ultimesvespradesamestalla.blogspot.com.es/2008/11/lgrimas-en-la-lluvia.html


dimecres, 7 de febrer de 2018

A REGALIZ, MESTALLA ME SABE A REGALIZ



Pequeños, de la mano de su padre, abrigados en exceso por su madre, con el coche aparcado en La Alameda, enfilaban por las calles hasta llegar al campo.

La algarabía, el olor a puro, la gente en las puertas de los bares, risotadas y el claxon de los que intentaban aparcar lo más cercano posible al campo.

A la altura de los puestos donde vendían las bufandas, las banderas, pipas y palomitas, divisaban al vendedor de regaliz. Con el fardo debajo de un brazo y las tijeras en la mano del otro. ¿Cómo la quieres? Yo de palmo y finita. A mi gorda. 

Mientras, subían hasta sus asientos, el sabor les llenaba la boca, el dulzor impregnaba su lengua, bajando hasta la garganta con un toque amargo que empalagaba y no dejaba resquicio a nada más. Eso junto con el olor del Chesterfield sin filtro que encendía el padre.

Leían la revista que había en el asiento, buscando la plantilla del equipo contrario, su estadio, cuantos cabían, el árbitro, la clasificación, la próxima jornada, las claves para descifrar los partidos del “Marcador Dardo”. Mientras, el trozo de regaliz del pequeño ya iba por la mitad, toda mordida y machacada, como a él le gustaba. El mayor, por el contrario, prefería roerla poco a poco, chuparla y que le durara más, como si del cigarro del padre se tratara.

Siempre se preguntaban donde se cultivaría, como sería la planta, cuanto tiempo tardaba en crecer. Imaginaban que la trían de tierras lejanas, para ellos.

De vuelta a casa, comentaban excitados el partido, las jugadas, el arbitraje. ¿Por qué pitan si son los nuestros? ¿Ha perdido el Madrid? ¿Cómo vamos en la clasificación? Aún les duraba el sabor de regaliz. 

Solo la comían el día del partido. Entretanto le eran infiel con pipas, chicles y otras golosinas.

Crecieron. Cambiaron los jugadores. Descenso. Vuelta a primera. Entrenadores. Pusieron vallas. Las quitaron. Se hizo negro el pantalón y las calzas. Este año sí que tenemos equipo. Bueno el que viene si, ya verás. Acciones. Cambios de ubicación en el campo.  Pasaron de la Coca-Cola a la cerveza. Y aunque el olor a Chesterfield dejo de acompañarles, el sabor de la regaliz no cambió nunca.

Era un ritual, comprarla, decir que estaba más seca, que si antes era más grande el trozo que les vendían.

Vinieron nuevas valencianistas, herederas del sentimiento, del padecimiento y del regaliz.

Aunque ellas preferían otras chucherías, ellos les compraban su cachito de regaliz, para perpetuar la tradición.

Me gusta el sabor a regaliz de Mestalla. Comerla junto a mi hermano.
  
Diego E.

dilluns, 22 de gener de 2018

UN SIMPLE REMATE DE CABEZA



Víctor tiene 16 años y se levanta del sillón cada vez que Guedes, Messi o Dybala se deleita con el balón. Comenta con sus amigos, después de cada partido, el gesto técnico de Neymar y se emocionan con el espectáculo que les brindan los jugadores. Es su pasión, las jugadas endiabladas les motivan, su niñez y su adolescencia está marcada, entre otros aspectos, por esos sentimientos futboleros que les transmiten ideas, conceptos y valores.

Su abuelo tendría ahora 71 años y disfrutaba hasta no hace mucho viendo las diabluras de Ronaldinho y las filigranas de Zidane. Como también se incorporó de su butaca para aplaudir a Cruyff, tras rubricar momentos para los anales de su deporte, o para ovacionar a Claramunt cuando ya hacía en los años sesenta lo que Iniesta ofrece hoy. Aunque Vicente, que vibró con Kempes y celebró cada pase y cada gol de Don Fernando Gómez Colomer, era más de jugadores como Ángel Castellanos o Fernando Barrachina.

Con un Celtas en sus huesudos dedos, con un halo de humo alrededor de su abundante pelo color azabache y tosiendo con fuerza previamente. Así empezaba mi padre sus historias. Solía irse por las ramas, algo que he heredado, pero cuando hablaba del Valencia se centraba. Un aficionado ejemplar, no era anti-nadie, criado por un maestro republicano.

Su niñez y su adolescencia no fueran tan laxas como las de Víctor. Ni de lejos. Pero lo que le excitaba del fútbol entonces, formó también su carácter dándole forma a sus valores. Las experiencias se transforman en recuerdos y anécdotas y, cuando nos marcan, las conservamos por mala memoria que tengamos. Y mi padre, mientras golpeaba el suelo con sus zapatos de forma rítmica, dejaba caer la larga ceniza acumulada en el cenicero y jugueteaba con su zippo entre sus dedos y la mesa, me contó en varias ocasiones una historia que siempre me gustó y hoy aprecio y entiendo aún más.

Yo alucinaba cuando mi padre hablaba de Ansola. Sin saberlo, Fernando Ansola –fallecido tristemente el año del descenso ché- nos imprimió a mi padre y a mi (gracias a la transmisión de su recuerdo) una huella en nuestra forma de ser.
  • ¡Y volvió a salir con la cabeza vendada y marcó un gol de cabeza!- decía mi progenitor, que acostumbraba a tener el semblante serio pero que sonreía ufano, con la cara iluminada, cada vez que contaba el relato de aquel tanto valencianista. Podía ver en sus ojos la repetición del gol.
El deporte, entendido como tal, no es más que otra expresión de la sociedad que nos puede formar tanto practicándolo como viéndolo. Puede transmitirnos superficialidad o coraje, perseverancia o soberbia, empatía o animadversión, honor o desidia. Y, como el arte, nos hace sensibles a un tipo de elementos u otros.

La garra de Ansola, el trabajo de aquel delantero tosco y fuerte, le llegó a mi padre desde bien joven. En 15 años de carrera (de 1960 a 1975), el vasco anotó en 130 ocasiones. Delantero centro puro, un tanque que llegaba a todos los balones y cuyo remate de cabeza era temido. No podías pedirle grandes cosas con los pies, pero cumplía con su labor de llevar por la senda del triunfo al Valencia.

El partido que me narraba mi padre, el que vio en Mestalla ante el Barça, bailaba por mi cabeza junto con los cuentos de El libro de la selva o Aladdín, hasta que hace unos años, documentándome, leyendo y buceando por Internet, di con noticias, crónicas e información sobre él. Me hubiera encantado volver a hablar con mi padre de aquel encuentro tras aquello. Hubiera sido un buen invitado para el programa de ‘El Museo’ que realicé en Amunt Radio. Más de una vez, hablando con coleccionistas en el estudio, acababa mentándole a él o a las historias que me ha legado, siempre tratando de no corromper el mensaje implícito que me trasladaba con la narración: lucha, honor, lealtad, trabajo. Por encima de lo vistoso, la entrega y el resultado. Porque dependiendo de cómo contamos algo podemos dar un mensaje u otro.

La historia de un club la hacen los aficionados y ambos estamos orgullosos de aquella frase del fotógrafo valencianista Finezas: “Cuando Ansola choca contra un poste, en lugar de los camilleros salen corriendo los carpinteros”.

1 de enero de 1967. Porque antes no había parón de Navidad. Cinco de la tarde en Mestalla. Mundo dirigiendo al conjunto local, Roque Olsen a los visitantes. Con el empate a cero Guillot se estampa contra una valla publicitaria tras chocar contra un defensa culé y sale malparado del encontronazo. Poco después Ansola se golpea contra el palo intentando rematar un balón y se lesiona. Se retira con la cabeza sangrando y la segunda parte tiene que empezar sin él.

Aquí mi padre hacía una pausa para explicar que en 1967 todavía no se podían hacer sustituciones (en el 69 se empezó a poder sustituir a un jugador en caso de lesión, en los 70, tras el Mundial, se amplió a dos jugadores y con la posibilidad de hacerlo por razones tácticas y ya en los 90 llegaron los tres cambios actuales. Aunque previamente fueron dos más portero). De esta manera hacía hincapié en que el Valencia tenía que jugar con uno menos contra el equipo de la ciudad condal.

Pero pasados ​​unos minutos del segundo tiempo, Ansola volvió a entrar al campo con la cabeza vendada y con manchas -secas- visibles de sangre en las vendas. Poli marcó el 1-0 y el vasco, pese a su lesión, no se amilanó y remató un balón colgado al área para marcar con la cabeza el segundo para los valencianistas. Un tercer gol, a falta de cinco minutos para el final, llegaría gracias a Waldo. 3-0. La historia dice que fueron dos puntos para el equipo de la ciudad del Turia, pero hay otras historias detrás de esa historia. La de un delantero que no hizo florituras, simplemente salió, saltó y remató pese a los puntos recibidos en la testa. La de una afición que se rindió ante el compromiso y la valentía del ariete.



Álvaro Coll. Periodista